sábado, 21 de agosto de 2010

Zombis en la Glorieta de Insurgentes


Si la ciudad de México fuera una gran sabana, la Glorieta de Insurgentes sería una especie de estanque, donde las diversas especies de la fauna urbana acuden a beber las frescas aguas de la tolerancia.

Ahí encontramos manadas de nerviosos emos, inquietos skatos, ruidosos reguetoneros, siniestros darks y parvadas de cortejantes gay; también acuden exuberantes punketos e imponentes metaleros; muy de vez en cuando pueden asechar pequeños grupos de skin heads, que suelen atacar a los gay desbandados, pero ponen píes en polvorosa en cuanto un enjambre de mariposillas salvajes los repelen al grito de “no somos machos, pero somos muchas”. Esto sin contar con las hordas de pedigüeños, vendedores ambulantes, los indígenas de la sierra de Puebla (nunca he entendido por qué todos son de la sierra de Puebla) y por supuesto los chemos o moneros.

Entre todo este barullo, invisibles ante la faz del sol, están Ellos, los sin nombre, los que ni siquiera merecen el apodo del changoleón. Apenas se mueven, ya ni siquiera son capaces de pedir una moneda, jamás les he oído hablar. Nadie estaría conciente de su existencia sino fuera por la estela de hedor que dejan a su paso, un hedor a sudor, mugre, heces y carne en descomposición que taladra el olfato hasta penetrar al mismo cerebro.

Ellos no son una tribu, no tienen familia, amigos ni compinches, son sólo Ellos y sus restos. ¿Quiénes son? Ni Ellos mismos lo saben, hace tiempo que no figuran en los censos, no tienen credencial del elector, RFC, CURP ni mucho menos pasaporte, para el Estado no existen. Los sin nombre no tienen apellido, para Ellos no hay padre, madre, hermanos, conyugue o hijos, para la familia tampoco existen. Aquellos que no merecen apodo, no tienen amigos, compinches, conocido ni siquiera vecinos, para su comunidad también son inexistentes. Es como si estuvieran muertos y por alguna macabra broma del destino siguieran deambulando entre nosotros.

Entonces… ¿Qué son? Definitivamente no son miembros de alguna de las tribus urbanas, como ya dije, Ellos no tienen amigos ni compinches, ni siquiera socializan entre los de su especie. Aunque nada poseen más que las garras que los cubren, que en otros tiempos fueron ropas y ahora no son más que mortajas, tampoco son desposeídos, pues hasta el más humilde de los pordioseros tiene una identidad, un nombre o apodo, un recuerdo de lo que fue, una ilusión, un deseo, la capacidad para pedir una moneda o un trozo de pan, la voluntad para seguir viviendo, pero Ellos, Ellos ni siquiera tienen eso.

Están más allá que cualquier marginado, pues el marginado vive al margen de la sociedad, Ellos ya han sobrepasado por mucho la última frontera social. Están tan marginados, que hasta los más crueles skin heads, a los que tanta gracia les causa patear indigentes dormidos bajo algún resquicio, no se dignan ni siquiera a insultarlos, mucho menos patearlos, les causan tanto asco que se salvan de su iniquidad.

Si bien la cordura los ha abandonado y sus facultades mentales están casi extintas, sólo y cruelmente, parecen seguir vigentes aquellas funciones autónomas, no pueden clasificarse como dementes abandonados a su suerte. Su mente está tan consumida que ni siquiera es capaz de darles albergue a los demonios de la locura.

Ellos tampoco son adictos, pues ya bebieron tanto alcohol, fumaron tanta mota, inhalaron tanto solvente, que de tanto y tanto atizarle las patas al diablo incendiaron su alma, nada queda de ella, el diablo se la ha llevado. Sólo quedan huesos, carne, viseras y sangre con apenas un hálito de vida.

Son pocos y pronto desaparecerán, aunque detrás de ellos vendrán otros. Diría que se mueren, pero no, ellos no mueren, simplemente se extinguen, sus restos quedaran tendidos en un rincón de la Glorieta de Insurgentes, luego, seguramente algún funcionario del Servicio Médico Forense tendrá, la nada grata, tarea de recoger aquel cadáver a medio descomponer, no habrá necropsia y acabará en una fosa común.

Ellos no tienen funerales, esquelas ni siquiera una oración, pues hace tiempo que han dejado de existir para los demás, lo que equivale a estar muertos aunque vivan. No habrá una sola lágrima cuando se extinga el último aliento de los vivos murientes, los Zombis de la Glorieta de Insurgentes sólo dejarán tras de si el hedor de su existencia
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jueves, 19 de agosto de 2010

Las minorías y el uso correcto de las palabras




Escuchando las últimas noticias de estos días y viendo la reacción de la opinión pública, vino a mi cabeza la idea de escribir sobre un fenómeno social que ocurre inmediatamente, resultado de no saber comunicarnos, esto dado a que nuestro acervo personal de palabras se encuentra muy limitado. Decía alguna vez una persona que en el idioma Español no existen los sinónimos, sino personas que no comprenden el significado exacto de las palabras. Es por esta aseveración que la mayoría de las veces nos sentimos ofendidos por el uso correcto de las mismas, creando palabras que “suavizan” el mensaje, sobre todo utilizando el diminutivo de la misma, y creando campañas absurdas de “dignificación de las personas”. Yo recuerdo bien que hace más de 15 años en mi época de niñez, existían dos palabras consideradas ofensivas por el circulo social en que me desarrollaba, la primera era Abuelo(a), ya que según la gente se oía muy “fuerte y despectivo”, por lo cual debía utilizar el término que hasta hoy en día uso de: Abuelito(a) o bien simplemente “Abue”.
La segunda palabra despectiva era: “Ciego”, esta palabra tenía variantes como: Cieguito, o persona que no puede ver, pero por una dignificación de esta discapacidad tuvieron la brillante idea de llamarlos hasta hoy en día: Invidentes.
Actualmente, existe una campaña de dignificación humana que genera términos tan ridículos que resultan estúpidos, como el caso de los ancianos a quienes se atrevieron a llamar: Adultos Mayores, esto es a mi punto de vista una burla, ya que la adultez de manera legal se considera cuando una persona llega a la mayoría de edad, dependiendo del país que se trate, en el caso de México a partir de los 18 años, pero lo que si se considera la mayor estupidez es llamarlos ahora: Adultos en Plenitud, ya que realmente es la edad en la que menos pleno se es.
Pareciera consuelo de tontos porque no estamos sólos en nuestro uso digno de palabras, tenemos el caso de los negros en Estados Unidos, que decidieron llamar a su raza: Afroamericana. Esta barbaridad es inmensa, ya que disfraza un racismo regional aun peor y nos lleva a pensar que dependiendo del lugar donde se nazca deberán ser llamados Afroeuropeos, o Afroasiáticos, o bien si se trata de alguien de raza blanca ¿deberemos llamarlo acaso Euroaméricano? O ¿Arioamericano?.
Ahora bien si usted estimado lector, aún no se siente ofendido, le invito a que continuemos con esta lectura y bien nos podremos dar cuenta que los gobiernos locales han optado por buscar y crear minorías a las cuales identifican con algún nombre o calificativo que los dignifique, que le muestre a la gente tradicional que se encontraron oprimidos durante muchos años pero que ahora son gente digna que tiene un nuevo distintivo irónicamente de igualdad, y al que se le crean leyes superfluas. Tal es el caso de la noticia que dio origen a este post, la opinión de un cardenal que no supo hacer el uso correcto de las palabras, para explicar la posición obvia de la religión católica acerca de la adopción de niños por parte de parejas homosexuales. Lo sorprendente es que la opinión pública no emitió comentarios sobre el fondo de lo que dijo este señor, sino por la forma en la que los homosexuales se sintieron ofendidos al ser llamados: Maricones.
Mismo caso ocurrió hace tiempo con el conductor Esteban Arce que no supo transmitir el mensaje que realmente quería compartir, ofendiendo a la comunidad homosexual, ya que si bien es cierto, todo mundo debe ser respetado por como es, independientemente de su forma de ser, gustos, apariencia, etc., una pareja homosexual no cumple con la finalidad original, más no principal, de crear una sociedad procreadora, lo cual pierde la razón fisiológica de la reproducción, sin que ello altere lo social y/o emocional del ser humano que también debe existir de manera sana en cualquier relación personal. Esta originalidad de la que hablo, es aquella a la que Esteban Arce llamó naturalidad.
Por otro lado, no se puede dejar de lado aquellas expresiones que surgen por parte de jóvenes adolescentes, quienes consideran divertido y de moda escribir mensajes "codificados" entre sí, utilizando indiscriminadamente mayúsculas y minúsculas, alternando números, sin dejar a un lado las faltas de ortografía que acompañan dichas "palabras". Es en este preciso momento en el cual invito al Sr. García Márquez a que recapacite sobre aquel lapsus en el cual solicitaba que el idioma Español se escribiera sin reglas de ortografía, retándolo a descifrar una hoja completa llena de frases como: "o0la gooEiii thu eReZ My mEj0r aM1gU1zzz, X ke Bal3z m1l!".
Así también los grandes estratos sociales, que parecieran ser los más cultos y conocedores del idioma, no se salvan de considerarse neófitos en el conocimiento y uso de palabras, ya que actualmente este grupo es uno de los más vulnerables a utilizar palabras extranjeras, en su mayoría Anglosajonas, para el uso de tecnicismos o estados emocionales, haciendo del idioma una mescolanza similar a la de los latinos radicados en el sur de Estados Unidos.
Así pues, a pesar de ser individuos hispanoparlantes, los grupos sociales se identifican por frases y palabras que adoptan como propias y que los diferencian del resto, llegando a concluir que existe un sólo idioma del cual nacen miles de lenguas...

lunes, 16 de agosto de 2010

Adicción. Lindo parasito.



Cuando hablamos de adicciones y adictos, por lo general pensamos en drogas y drogadictos. Imaginamos al chemo que se la monea a las afueras del metro, al pacheco que le atiza las patas al diablo en medio de un concierto o al coco que se polvea la nariz en el baño de un antro. También pueden venir a nuestra mente el alcohólico inconciente sobre la mesa de una cantina o el fumador que sale a media noche a comprar una cajetilla de cigarros.

Pero, para empezar ¿qué es una adicción? Una Adicción se puede definir como una enfermedad primaría (es decir que no es síntoma de algún otro padecimiento), crónica y con factores múltiples que influyen en su desarrollo y manifestación, factores que pueden ser genéticos, biológicos, psicológicos, sociales, culturales y ambientales. La enfermedad es frecuentemente progresiva y fatal, aunque no necesariamente de un modo directo. Se caracteriza por un deseo irrefrenable del consumo de alguna sustancia o la práctica de alguna conducta, dicho deseo genera una necesidad tal que quien padece la adicción destinará cada vez más recursos a su satisfacción, descuidando otros aspectos de su vida. Aun y cuando el adicto conozca la nocividad directa o indirecta de su adicción, su pensamiento sufre una distorsión que le impide tomar conciencia del daño, el valor de la satisfacción es tan grande que cualquier perdida queda minimizada, un trago de whisky puede llegar a ser más valioso que el aniversario de bodas o el cumpleaños de un hijo e incluso que la misma esposa o el hijo.

Cualquier persona puede caer en adicción, sin embargo, los factores que se mencionan en la definición contribuyen a su desarrollo y al tipo de adicción, por ejemplo, los hijos de alcohólicos tienen una predisposición de 3 a 4 veces mayor que la de hijos de no alcohólicos, si a esto le sumamos el hecho de que se criaron con alcohólicos, sus amigos los presionan para beber, existe una exposición continua al alcohol y en su cultura es aceptable o cuando menos tolerable la bebida, la predisposición se eleva exponencialmente.

Si bien las drogas (psicotrópicos), el alcohol y el tabaco son las adicciones más identificables, no son las únicas, prácticamente cualquier cosa o conducta puede ser adictiva. La adicción no está en el objeto del deseo, sino en el deseo mismo, en otras palabras, no es la cerveza la adicción, sino el deseo por la cerveza. Otras adicciones, pueden ser al juego, el trabajo, la comida, las compras, el ejercicio, el sexo, la Internet o incluso puede generarse adicción a una persona, grupo o a los romances. Hay adicciones cuyo objeto puede ser general, por ejemplo al juego, a un ludópata poco le puede importar si juega black jack, ruleta, póquer o lotería; o bien, el objeto puede ser específico, un comprador compulsivo, puede satisfacer su deseo con un tipo de bienes en particular, ya sean autos o corbatas.

Puede sonar tonto el hecho de que alguien sea adicto a las corbatas, parece inverosímil, yo mismo pensaba así, hasta que conocí a uno, al que llamaré Honorato. Después de todo ¿qué tenia de malo que a Honorato le fascinaran las corbatas y hasta las coleccionara? En realidad nada, la adicción no estaba en las corbatas, sino en el deseo desmedido por ellas. El problema de Honorato, no era que en cosa de un año se hubiese comprado cerca de 500 corbatas, ni que fuera todo un experto en el tema; no, el problema era que tenía que gorrear la comida, que reprobaba matemáticas por prestar más atención a GQ que a su libro de cálculo, que sus amigos le sacaban la vuelta pues su conversación era única y exclusivamente sobre corbatas y que sentía más atracción por una corbata que por una mujer. Nunca supe si la adicción de Honorato tenía algún componente de fetichismo, pero no dudé que fuera una adicción. Curiosamente rara vez las usaba, por lo menos en público. Las adicciones al igual que las corbatas vienen en muchos estilos, formas, colores, estampados, telas, etcétera, pero a diferencias de estas, siempre, siempre vienen en talla Extra Grande.

Las adicciones tienen disfraces, así que un adicto al trabajo puede aparecer como un exitoso empresario o un adicto al ejercicio, pasa por un atleta de alto rendimiento. También hay adicciones socialmente más o menos aceptables que otras, un adicto al sexo (soltero) será admirado y envidiado por sus amigos, en tanto que un adicto a los solventes será rechazado, especialmente si su círculo social considera esa adicción inaceptable.

Aunque parezca curioso, también hay clasismo y racismo en las adicciones, un magnate que se la monea es mal visto, incluso en su mismo círculo de adictos, eso es para clases bajas; por otro lado, para un anglosajón estadounidense el crack es una droga propia de negros.

Como si lo anterior fuera poco, la adicción además puede ser versátil, un comprador compulsivo puede dejar la adicción a las compras, sustituyéndola por una adicción a su psicólogo. Es común ver que los adictos a las drogas en rehabilitación fuman como desesperados o trabajan hasta caer rendidos. La adicción sigue ahí, pero con otro rostro.

Todas las adicciones nacen como pequeños deseos, necesidades sin importancia, pero paradójicamente entre más se satisfacen, más crecen. Crecen como un parasito dentro del cerebro, que poco a poco toma un control absoluto de los pensamientos. Tiene sus propio sistema inmune, su primer defensa es la negación, yo no bebo mas que los fines de semana; luego minimizan, pero si sólo me fumo una cajetilla al día ¿qué tanto es?; después viene la justificación, fumo mota para controlar el estrés; enseguida la proyección, es que mi jefe es como a pain in the ass, necesito relajarme para poder soportarlo y que mejor que un buen polvo; finalmente la postergación, mañana veré como le hago para contentar a mi mujer por haberme ido de borracho y olvidar nuestro aniversario de bodas, de momento estoy a toda madre con mis cuates agarrando el pedo.

Ese parasito también tiene sus mecanismos para alimentarse y eso lo hace a través de la distorsión de la realidad. Los problemas cotidianos se transforman en verdaderas tragedias, cualquier cosa se vuelve una mortificación, la realidad se torna blanca o negra, sin matices, hay una incapacidad para percibir que los problemas no son tan graves y que si bien puede haber algún dolor, este no tiene por que convertirse en sufrimiento, la intolerancia a que se toquen temas relacionados con la adicción se vuelve una barrera al raciocinio, la soberbia surge como un mecanismo de compensación del ego hipertrofiado ante la devastación sufrida en el plano de la vida personal; la vida cotidiana se vuelve tan nefasta que no hay más remedio que buscar refugio en la adicción, justificando su existencia, alimentándola y dejándola crecer.

La adicción crea su propia realidad virtual, el adicto viaja en un crucero, donde siempre es noche de fiesta, dentro de ese gran barco no siente el miedo atroz que le provocan las olas que le rodean y el inmenso vacío del mar, aquí sólo existe la felicidad, hasta que tarde o temprano el barco colisiona con el iceberg de la realidad, tan dura y fría. Tal vez se hunda sin remedio llevándolo a las profundidades del averno, tal vez logre llegar a una costa y se salve, pero nada será igual. Esa hermosa realidad virtual habrá desaparecido, pero la adicción seguirá agazapada acechando a la presa que se le ha escapado, lista para volver a atacar y devorar sus entrañas.

Maldita Zarihueya

PD: A Honorato de Balzac se le atribuye un manual llamado “L'Art De Se Mettre La Cravatte” en el que se describen 22 formas distintas de anudarse la corbata.

lunes, 9 de agosto de 2010

Una tarde en Pervert City

La tarde era gris, el reloj marcaba cerca de las 3:00, después de contemplar por cerca de 15 minutos el teléfono, lo tomé y marqué aquel número que por coincidencia había encontrado en Internet. Tres timbrazos y en eso una voz seca al otro lado contestando únicamente: ¡Bueno!. No sabía que decir, que hacer, así que lo único que se me ocurrió fue responder: “Hola, hablo para hacer una reservación”; la voz finalizó la llamada diciendo: “Ok eres el 50, nos vemos”.

Aún sorprendido por lo corto de mi conversación, me armé de valor, cogí mi chamarra y me dirigí hacia el camión, el cual según el croquis marcado en la página electrónica, me dejaría cerca de mi destino.

Pasada aproximadamente una hora y media, llegué a la estación correspondiente, y me puse a preguntarle a la gente sobre la calle que buscaba, sin embargo, la respuesta generalizada es que nadie conocía tal dirección. Pocos segundos después se acercó una señora con su hijo, quienes parecían iban apenas a su casa, y me mencionó que ella conocía la calle pero que se encontraba aún lejos de donde nosotros estábamos, e incluso me ofreció que nos fuéramos juntos los tres en un taxi, para que me acercaran, a lo cual respondí amablemente de forma negativa, dado que sentía un poco de pena y además necesitaba caminar un poco para liberar aquella sensación de nerviosismo que invadía mi cuerpo, pidiendo de favor a la gentil dama, me indicara la forma de llegar.

Una vez recorridas varias cuadras por alrededor de 20 minutos, llegué a la calle buscada, ahora sólo necesitaría encontrar aquel número cabalístico que pertenecía a mi destino. Era una calle solitaria, pero tranquila, algunos carros estacionados al lado del camellón y las aceras, pero poca gente transitando. Volteé mi rostro y vi que afuera de una casa común y corriente, deambulaba un sujeto vestido con un pantalón negro y una camisa tipo polo roja con las siglas: “CSW”, lo cual me dio una pista más clara que efectivamente había llegado a aquel misterioso lugar. Me acerqué al tipo tranquilamente y le comenté que tenía reservación, por lo cual esperaba que me hiciera favor de ingresarme. Me vio fijamente, como si mi imagen desaliñada le causara extrañeza, y después de como tres revisiones, accedió a ingresarme, tocó la puerta a manera de contraseña y me dio palabras de bienvenida. Dentro de la casa se encontraban otras 3 personas con el mismo uniforme negro con rojo quienes además portaban diademas de radio para comunicar y coordinar lo que sucedía tanto adentro como afuera del lugar. Uno de ellos se acercó a mi y me pidió mi número de reservación así como mi nombre o bien pseudónimo, los cuales di inmediatamente, revisó su lista, y corroboró la información dada con lo escrito en la misma, para inmediatamente solicitar aquella cuota de recuperación que se les pide a los tipos que ingresamos de manera solitaria como yo.
Una vez dentro del lugar, habíamos unas 10 personas en lo que originalmente había sido la sala de la casa, ahí algunos miembros que aparentaban ser recurrentes charlaban cómodamente entre si, mientras que yo, invadido por el nerviosismo, me senté en una banca acolchonada cerca de un pilar, tratando de observar lo que sucedía y sucedería, pidiendo a Dios camuflajearme de alguna manera en la que no me notara, lo cual hacía más evidente mi presencia.
Una mujer madura de ojos claros notó la situación y se acercó a mi, tal era mi nerviosismo que ella comenzó la conversación creando un ambiente de cordialidad y hablando de banalidades como: que si yo creía que fuera a llover o no. Una vez creado el clima de cordialidad, preguntó mi nombre y la razón por la que había llegado ahí, la verdad no sabía que decir, así que me mostré mi honestidad y le mencioné que realmente siempre había tenido curiosidad de saber como era un mundo que se considera en un país como este: un tabú, que visitaba su página electrónica y de hecho había consultado varios reportajes sobre el tema, pero que mi curiosidad era más grande y mi intención era ser un espectador de lo que sucedía ahí. Fue en ese momento que Liz se presentó conmigo, mencionando que laboraba en el lugar, para después comentar que lo que estaría a punto de ver y ser partícipe, era un considerado por quienes lo practican como un movimiento, y no así como una perversión, pero que la mentalidad para llevar a cabo esa forma de vida debe ser madura y apartada de algunas creencias religiosas.
Así después de cerca de media hora de plática, se acercó a nosotros Raúl, un tipo de unos 35 años quien por su cara, mostraba que también era nuevo en el lugar, y de la misma forma Liz lo integró y tranquilizó igual que a mi.
Pasaron unos minutos y una música empezó a sonar por los altavoces, indicando a los ya entonces cerca de 50 personas que el show estaba a punto de comenzar, lo cual hizo que aquellos que ya conocen la dinámica, centraran su mirada hacia el centro del lugar, a donde llegó un presentador que nos dio la bienvenida, invitándonos a divertirnos y pasar un rato agradable, mencionó como se llevaría a cabo el programa y terminó mencionando las reglas claras del juego, las cuales eran algo así como:

Queda prohibido usar, vender y ofrecer cualquier tipo de droga, ya que a quien se sorprenda haciendo cualquiera de esas actividades sería entregado a las autoridades correspondientes.
Queda prohibido el consumo excesivo de las bebidas alcohólicas que se ofrecen de manera gratuita en la barra.
La más importante: Un NO es NO y no hay que dar explicaciones.

Así pues la violación de cualquier de estas reglas significa la expulsión del lugar de manera indefinida a la persona que la cometa.

Una vez indicadas las reglas del juego, una pareja mixta de strippers se acercó al centro y a ritmo de la música de ambientación, fueron despojándose de la ropa que llevaban, paseaban entre los espectadores, y dejaban que algunos de ellos tocaran sus cuerpos.
Posteriormente fuimos llamados algunos de los que nos encontrábamos en el lugar, sobretodo aquellos que eramos considerados de nuevo ingreso, vendaron nuestros ojos y nos colocaron en una especie de cama enorme improvisada con colchones y almohadas, la música era estridente, la sensación de ceguera que me daba la venda en los ojos, generaba miedo y cierta desesperación de no saber lo que sucedería, una mano pasaba por mi rostro, otra me invitaba a acostarme completamente en la cama, me encontraba paralizado, y sólo escuchaba pequeñas risas, los cuerpos desnudos de dos mujeres rondaban cerca de mi, tal situación debió haber sido muy erótica y excitante para los espectadores que guardaban silencio, hasta que una pareja se integró a la masa humana que formábamos, comenzando a hacer el amor entre si, yo por mi parte sentía aquellas vibraciones del colchón moviéndose y escuchaba cerca de mi oído como gemía ella y disfrutaba ser penetrada. La música terminó, las mujeres desnudas y la pareja se levantaron de la cama, la voz del presentador pidió un fuerte aplauso para los que nos encontrábamos al centro y una luz blanca muy fuerte dio sobre mi rostro, tan fuerte era esa luz, que a pesar de continuar vendado, lograba distinguirla a través del vendaje, el cual me fue retirado al momento y un vaso de whiskey con agua mineral me fue ofrecido. Al ver a mi alrededor, las parejas de entre 35 a 50 años coqueteaban y platicaban unas con otras, algunas caricias aparecían, mientras que otros más subían las escaleras que llevaban a los cuartos, aprovechando que para las 8:00 pm que marcaba ahora el reloj, la noche nos había invadido, y los juegos del placer resultarían más intensos para aquellos que se dirigían a tal lugar.
Un tipo de como 35 años se acercó a mi, y sugirió que fuéramos a observar a los grupos que subían a los cuartos, ya que estos no tenían puertas y todo podía visualizarse entre penumbras. Accedí y fuimos, mi curiosidad no terminaba de comprender lo que sucedía, gente común y corriente, la mayoría padres de familia subían a los cuartos, con risas de complicidad y emoción. Ya una vez en uno de los cuartos, la sensación era aquella pareja de jóvenes veinteañeros que fornicaban sobre una colchoneta, mientras ella era besada por una mujer de más de 40 años quien a su vez recibía sexo oral por parte de su acompañante. Una veintena de personas observábamos tal acontecimiento, algunos excitados, algunos asombrados, pero ninguno perdíamos detalle de lo que sucedía con esas 4 siluetas. Posteriormente sobre los sillones otras parejas se acercaban a practicar sexo oral o bien acariciarse entre si, algunos espectadores, en su mayoría hombres solos, se masturbaban ante tales acontecimientos ya que según supe posteriormente, los hombres sólos y sobre todo aquellos que tienen poco tiempo de visitar el lugar, resultan ser los más desafortunados, al ser los que reciben la mayoría de las veces aquella palabra mágica del NO.
Mi reloj marcaba las 9:30 pm y decidí alejarme de la zona de siluetas y buscar a Liz para despedirme y agradecerle el haberme hecho sentir cómodo, pero al momento de verla, me invitó otro trago del bar y me presentó con un grupo de personas que charlaban en el piso de abajo. De nuevo los ojos se centraron en mi y querían saber mis impresiones de lo visto, pero sobre todo de lo vivido, no tenía muchas palabras que decir pero me comprometí a escribirlo y hacérselos saber en cuanto estuviera listo...

Así pues concluyo diciendo que todos los fines de semana en una casa al sur de la ciudad, se reúne una gran familia de personas tan normales y humanas, con una vida similar a cualquiera de nosotros que convive y comparte a su manera de forma sana y respetuosa.
Por último, agradezco a Casa Swinger las atenciones recibidas y espero haber sido lo más objetivo posible con las impresiones plasmadas en estas líneas.

Para aquellos que estén interesados con el tema:
www.casaswinger.com.mx
http://es.wikipedia.org/wiki/Intercambio_de_pareja